Hace mucho tiempo vivió un humilde granjero en la China rural. El hombre era mas bien pobre y mantenía la granja con la ayuda de su único caballo.
Un día el caballo escapó. Al enterarse los vecinos se acercaron y le dijeron al hombre:
-Tu único caballo se ha escapado y ahora no tienes animales para trabajar tus tierras ¡Que mala suerte!
A lo que el hombre solo respondió:
-Ya veremos...
Al cabo de unos días el caballo regresó y junto con el venía toda una manada de 15 caballos salvajes. Al enterarse los vecinos se acercaron al hombre y jubilosos dijeron:
-¡Caray! Parecía que habías perdido tu único animal de carga pero ahora tienes mas animales que nunca. ¡Eso es buena suerte!
A lo que el hombre solo respondió:
-Ya veremos...
Pasaron las semanas y un día el hijo del granjero cayó de uno de los caballos salvajes que estaba intentando domar. Al saberlo los vecinos se acercaron muy afligidos al hombre y le dijeron:
-¡Tan buena suerte habías tenido al recibir éstos caballos! Pero eso solo te trajo desgracia. ¡Que mala suerte!
A lo que el hombre solo respondió:
-Ya veremos...
Pasaron unas semanas hasta que un día pasaron las huestes del emperador quienes se estaban llevando a todos los hijos varones para que pelearan contra el ejercito del país extranjero que el monarca quería conquistar. Al ver al hijo del granjero lesionado decidieron no llevárselo.
Los vecinos una vez mas se acercaron al granjero y se lamentaron:
¡Ay de nosotros! Se han llevado a nuestros hijos y ahora van a morir lejos de nosotros mientras que tu hijo se ha salvado por su pierna rota. ¡Que buena suerte la tuya!
A lo que el hombre solo se limitó a decir:
-Ya veremos...
La vida tiene muchos altos y bajos. Nadie es afortunado para siempre y nadie es desgraciado por siempre. Debemos aprender a navegar en las corrientes de la vida no importa si de pronto son buenas o de pronto no tanto.